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REBECA KHAMLICHI

 

POR *ERNESTO DE OLIVEIRA

Color,vitality and fake superficiality are the major features we can observe when we approach RebecaKhamlichi’s work. At first, these qualities could make her work seem like Pop Art pieces, though there is much more to her work than a colour and image explosion.

Rebeca Khamlichi’s work connects from the very beginning with the viewer, trapping him – be it because of its message, be it because of itschromaticism – in big format works performed with great thoroughness and accuracy:  It is the result of a matured work of great quality with a fresh, direct and deceitfully positive message.

 

Her work insinuates international artistic movements: It bears echoes of graphic design, street art, illustration and oriental animation in both the morefigurative compositions as in the more abstract ones.Some compositions even remind us of the ukiyo-e. It is impossible, thus, not to think about the superflat of Master Takashi Murakami: due as much to its compositions as to the proposition of a central figure being surrounded by lysergic abstract atmospheres that end up strangely giving a balance to each piece.

 

Even so, Khamlichi goes beyond  the superflatopening extremely elaborated backgrounds behind the characters, which direct our sight slightly beyond the canvas.

This is what Rebeca Khamlichi wants to show us all:work which communicates with the viewer, which makes us see far away and beyond, and which  doesn’t only leave us with the main image.

 

These proposals fall within the Postmodern Culture.Critics and, the international art expositions make us understand that these pieces have their origin in the deconstruction of former works: references come from the graphic novel, literature and television, to then be reinterpreted by the artist. The new and old ideas come together in a cocktail of languages and references served in a sole canvas.

 

Khamlichi blends all of this together, with a very personal universe and, often with a message,bearing with an acid and particular social criticism. This is another sample of the currency of her workand even of the artistic will to explore, innovate and renew.

 

 

 

In these avant garde times in which the combinations of different reasons could put the viewer on his or her guard, Rebeca Khamlich's pieces are a fully thought through work displaying maturity both in its compositions as in its chromaticism. All this is grounded in a previous study based on the observation of everything that surrounds her:Khamlichi is an artist whose creation is in constant communication with the viewer through her work’s simplicity of lines and beauty of each thorough detail.

 

Her pieces, in conclusion, are full of vibrant colours,of fantasy characters, of unreal landscapes which only the eyes of certain artists know how to capture,of the magic which is Art itself and which carry us to other worlds: the worlds that Rebeca Khamlichirepresents in her work, carrying us away from the grey everyday life which surrounds us. And this, today, is a thing to be grateful for.

 

 

 

                                                                                                                     Ernesto De Oliveira.

                                                                                               Art Galleries Head and Manager

 

 

Color, vitalidad y falsa superficialidad son las principales notas que observamos al acercarnos a la obra de Rebeca Khamlichi. En un principio estos rasgos podrían hacer pasar su obra por arte pop, pero dentro de su trabajo hay mucho más que una explosión de colorido y de imágenes.

La obra de Rebeca Khamlichi conecta con el espectador desde un primer momento atrapándole -bien por su mensaje, bien por su cromatismo- en obras de gran formato realizadas con una gran minuciosidad y precisión: es el resultado de un trabajo madurado y de gran calidad con un mensaje fresco, directo y engañosamente positivo.

 

Su obra insinúa movimientos artísticos internacionales: tanto en composiciones más figurativas como en las más abstractas tiene ecos de diseño gráfico, de arte callejero, de ilustración y de animación oriental. Incluso en algunas composiciones recuerdan al ukiyo-e. Imposible pues no pensar en el superflat del maestro  Takashi Murakami: tanto por las composiciones como en el plantear una figura central figurativa y rodearla de lisérgicas atmósferas abstractas que terminan por equilibrar extrañamente cada obra.

 

Con todo, Khamlichi va más allá del superflat abriendo tras los personajes unos fondos extremadamente elaborados que llevan la vista un poco mas allá del lienzo.

Esto es lo que Rebeca Khamlichi nos quiere presentar a todos: una obra que comunica con el espectador, que nos hace ver más allá, que no nos deja en la mera imagen principal.

 

Estos planteamientos se engloban en la cultura postmoderna. La crítica  y las exposiciones de arte internacionales nos hacen comprender que estos trabajos nacen de la deconstrucción de trabajos precedentes: referencias que llegan de la novela gráfica, de la literatura y la televisión que son reinterpretados por la artista. Las ideas nuevas y viejas se yuxtaponen en un cóctel de lenguajes y referencias servido en un solo lienzo.

 

Khamlichi une todo esto a su personalísimo universo y a un mensaje, en muchas ocasiones, de una ácida y particular critica social, una muestra más de la actualidad de su trabajo. Y aplicando siempre además una voluntad artística de explorar, innovar y renovar.

 

En estos tiempos avant garde en los que las combinaciones de diferentes motivos pueden chirriar al espectador, la obra de Rebeca Khamlichi es una obra meditada en la que se aprecia una madurez tanto en composiciones como en cromatismo. Todo gracias al estudio previo basado en la observación de todo aquello que la rodea: es Khamlichi una artista cuya creación está en constante comunicación con el espectador a través de la simplicidad de sus líneas y de la belleza de cada cuidado detalle de su obra. 

 

Sus trabajos, en fin, rebosan de colores vibrantes, de personajes de fantasía, de esos paisajes irreales que sólo los ojos de ciertos artistas saben captar, de esa magia que es el arte y que nos transporta hacia otros mundos, los mundos que Rebeca Khamlichi representa en sus obras y que nos apartan de la cotidianidad gris que nos rodea. Y eso, en estos tiempos, es muy de agradecer.

 

 

 

 

 

                                                                                                *Ernesto De Oliveira.

                                                                      Director y gestor de Galerías de Arte

                                                                                     International Art Consultant

"O COMO DEMONIOS QUIERA QUE SE PRONUNCIE"

por Mario Moros*

Rebeca Khamlichi (Madrid, 1987) no es una pintora. Es una forma de pintar. Tiene esa virtud que tienen los artistas especiales, los diferentes. “Tú y yo ya nos conocemos de algo, ¿verdad?” dan ganas de decirle a sus cuadros. Porque sus lienzos son de esos que se recuerdan antes de haberlos visto.

Khamlichi es nieta de Disney. Aunque si el viejo Walt viera el destino que le da a sus princesas probablemente se quedaría helado. Más helado. Porque las obras de Khamlichi son películas de Disney dirigidas por Michael Haneke.

Khamlichi es un limón barnizado de caramelo, algodón de feria con tequila, un bombón relleno de wasabi. Un dulce, en fin, que sí amarga. Porque el azúcar optimista de sus colores apenas alcanza a velar el oscuro poso del café amargo de sus historias. Algo así como si nos remitiera en un sobre color pastel de cereza, el ántrax mortal de la angustia. Algo así como agotar los pantones en colorear las pinturas negras de Goya.

Dicen que tiene también Khamlichi un parentesco lejano con el maestro Takashi Murakami: primos segundos por parte de paleta. Khamlichi es manga y copla: Doña Concha Piquer arrancándose por haikus. Porque a Khamlichi el futuro la ha pillado joven, la posmodernidad se le queda antigua, el mañana es una cosa tan de ayer...

Por eso, con rigurosa impuntualidad, Khamlichi llega un minuto antes de que las cosas importantes ocurran. Y lo que en otro artistas sería defecto (no estar allí cuando pasa lo trascendente) en ella es inquietante virtud. Con Khamlichi, el mastín de Las Meninas no habría llegado a tumbarse, la Mona Lisa posaría circunspecta y en Gernika-Lumo andarían mirando el cielo en busca de aviones. Porque Khamlichi congela a los personajes antes de que lleguen a hacer lo que esperamos que hagan. Y nos deja con la mezcla de ansiedad y dudas sobre qué terminará ocurriendo: ¿Se arrojará por la ventana la chica que en este momento sólo mira a través de ella?, ¿qué pose adoptará la Virgen para que la pinten el resto de los artistas?, ¿qué cara pondrá la princesa cuándo la despierten sus queridos fantasmas?

En alguna ocasión la escuché decir que pinta porque los acrílicos se dispensan sin receta médica. Quizá eso explique la obsesiva perfección de su línea clara, de los colores planos que salen del photoshop artesanal de sus manos: Khamlichi puede invertir una mañana entera para perfilar un contorno negro y por la tarde taparlo para empezar de nuevo. Y eso que no se habla con doña Perspectiva ni conoce de nada a la señora Composición Tradicional. Y que con lo que ella no sabe de Historia de la Pintura se podría suspender a toda una clase de Bellas Artes. Pero es que el talento hace años que hace novillos. Y el suyo es tan incuestionable como atrayente.

Por eso no es muy arriesgado apostar a que Khamlichi es una de esas artistas que tendrá legión de imitadores. Que lo hagan, porque ellos heredarán sus defectos. Nunca sus virtudes.

Probablemente, en fin,  usted, como yo, seamos incapaces de deletrear a la primera correctamente su apellido. Pero, veamos donde veamos una obra suya, sin duda sabremos que es de ella, de la artista del nombre raro, la tal Camlichi o Jamliche o como demonios quiera que se pronuncie esa otra obra de arte que tiene por apellido…

                                                              

                               

                                                                       *( Mario Moros es periodista cultural de Noticias Cuatro)

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